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La Hoguera

EL EXTRAORDINARIO CASO DE LA FREIDORA QUE PUDO ANDAR SOLA

El post anterior no podía tener otra continuación. Gracias a mi niño, lo recordé ayer y…

Sí, lo confieso: yo una vez tuve una freidora. En mi favor he de decir que fue en una época convulsa de mi vida, en la que no sabía discernir entre el bien y el mal…

Cuando llegué a aquella casa, entré en aquella cocina y la vi, supe que iba a ser mi perdición…

Teniendo en cuenta que durante esa etapa, mi horario para comer se reducía a una hora y media escasa, comprenderéis que no podía hacer mi famosa receta de patatas en un momento… La rapidez era fundamental, así que aquel pequeño electrodoméstico se convirtió en la pieza clave de mi vida…

Mi compi de piso, Ve, también vio enseguida la utilidad de lo que, hasta entonces, había considerado un trasto inservible que venía con la decoración de la casa.

Y aquello no dejó de funcionar durante muuuuucho tiempo… Todavía hay días que recuerdo aquel embriagador olor a fritanga (sobre todo cuando paso por la puerta de algunos bares)… Y como olvidar aquellas torrijas con las que alimenté a una comunidad entera (bueno, vale, éramos 8 vecinos…) aquella Semana Santa…

Pero claro, no todo podía ser perfecto y, nuestra idolatrada freidora tenía un fallo: había que limpiarla (amén del gasto en aceite, obviously).

¿Cómo lo descubrí? Pues, un día llegué a casa, levanté la tapa de la freidora y… Good heavens!! Aquella visión… todavía hay noches que no consigo dormir al recordarlo… (tal vez como hoy, y por eso ha salido esto…)

Así que, tras limpiar muy, muy a fondo nuestro preciado bien (nos llevó varios días…) decidimos hacer algo que nos recordase que aquello no debería volver a repetirse.
Era Marzo del 2003 y no podía ser otra cosa si no que, ponerle una pegatina de las muchas que nos habían proporcionado por aquella época en el bar de debajo de nuestra casa. Una pegatina que rezaba “NUNCA MAIS”. ¿Qué si no? Sé que el desastre no puede ser comparable, pero si hubiésemos dejado aquello más tiempo, no estaría yo tan segura…

Y cuando llegó el tiempo de la vuelta al hogar, cuando finalizamos nuestra estancia allí y decidimos repartir el ajuar, cedí la freidora a Ve gustosamente. Yo no quería tener nada que ver con aquel objeto maléfico o con cualquiera de sus semejantes…

Es por eso por lo que, ahora, uso sartenes. Y creo que, tras recordar aquello, ya hasta me da igual que las patatas tarden más de un momento en freírse…

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