LA BOCA DEL INFIERNO
A mí me gusta el campo, la verdad, pero para estar sentada en una mesita comiéndome un bocadillo de tortilla de patata acompañada con una latita de cerveza, no para andar paseándome por ahí, entre piedras pulidas por el curso de un río y angostos parajes…
El pueblecito serrano en el que trabajo, tiene mucho campo, evidentemente. Pero debido a mi animadversión al senderismo, nunca lo he visitado… Es una maravilla salir al recreo y ver la sierra ahí mismo y disfrutar de sus estupendos paisajes… pero eso, viéndolo.
Lo que sucede es que me junto con quien no debo y claro, luego pasa lo que pasa. Sólo se me puede ocurrir a mí hacerme compañera inseparable de los profes de EF: El del chándal y la Reina del Sahara (En el cole ya nos llaman “Los Tres Mosqueteros”…). Yo, que como bien sabéis, no sé ni como es un chándal y que me compro zapatillas de deporte una vez cada cinco años y en los mercadillos… Pero los caminos del colegueo son inescrutables y así me vi, abocada a una aventura de la que pensaba que no salía con vida…
Yo vivo en una capital de provincia alejada de la que viven ellos y nuestro punto de unión es el cole. Pero claro, como que allí las cosas no son iguales, así que pensamos que teníamos que hacer algo diferente para pasar un día juntos fuera de las aulas.
Les dejé que decidiesen ellos (porque eran mayoría y yo no tenía nada que hacer…) y me llegaron con la siguiente propuesta:
- “Si quieres, nos vamos un día de excursión. Primero de jarreo, vemos el pueblo, y luego a comer al campo, para conocer la zona y esas cosas…”
Lo del jarreo (ir a tomar cañas) y ver el pueblo, me pareció estupendo desde el primer momento, pero lo de la comida en el campo… Que les conozco, y sabía que no podía acabar bien.
El caso es que el día de la excursión llegó. Yo, que tengo más glamour que nadie y para algo soy La más sesi, combiné estupendamente un precioso jersey de Bruberrys con mis monísimas zapatillas de deporte mercadilleras. Ahí queda eso.
Y nada, que nos fuimos de jarreo por el pueblecito, de bar en bar y de botellín en botellín. Al segundo, La Reina del Sahara estaba ya más pedo que Alfredo, El del chándal era como una esponja pero yo… casi les tumbo a los dos.
Así que claro, tenían que ejecutar su venganza…
Llegamos a un merendero situado en un precioso paraje, conocido como LA BOCA DE ALGO (era tanta mi emoción, que no recuerdo ni el nombre...), rodeado de árboles y aguas cristalinas. INCREIBLE.
Tras comernos nuestro bocata, dicen aquí los deportistas que “habrá que darse un paseo para bajar la comida…” Pues ¡ale!, a pasear se ha dicho.
Vamos bien, de momento, que piso suelo firme y tengo barandillas a las que agarrarme… pero en un determinado instante, todo eso se acaba y yo casi me mato.
Había unas rocas puestas a traición, de eso no me cabe la menor duda… Rocas erosionadas por el agua, lisitas y suaves, no aptas para mis zapatillas… Y con hielo…
Así que voy yo toda chula de roca en roca cuando ¡¡ZASSS!!, resbalón. Afortunadamente, no me caí, pero porque me pude agarrar a la sudadera de mi compañero. Aunque con tan mala suerte que le pillé a contrapie, le desestabilicé y casi nos vamos los dos al suelo… Menos mal que estuvo hábil y consiguió mantener el equilibrio por los dos… Y a todas estas, mi compañera ejerciendo de guía turística, contándonos no sé que de aquel lugar, y otro par de domingueros riéndose a carcajada limpia de la situación…
Pero, no contentos con eso, me hacer pasar un riachuelo por donde peor se podía atravesar. Ellos, de un salto, pasaron de una orilla a otra, pero yo… “Que no salto. O me buscáis otro sitio para pasar o volvéis vosotros aquí” Y los muycabrones simpáticos, tirados por el suelo, riéndose de mi… Al final, El del chándal me ayudó a pasar por unas piedrecitas de esas resbaladizas… : “Mira la señorita princesa… (sí, dejé de ser Bruja después de aquella Leyenda...) Si es que, sólo a ti se te puede ocurrir juntarte con dos de Educación Física…”. Pues también es verdad… Y casi cometo maestricidio cuando veo que había otro sitio mucho más cómodo para vadear el río…
Al final, como creía que no salía viva de allí grité suplicante: “¡¡LLEVADME A LA CIVILIZACIÓN A TOMAR UNA CAÑA Y SACADME DE AQUÍ!!
Y ¿qué cómo acabó todo? Pues, por supuestísimo que nos fuimos a tomar un par de botellines y a jugar unos billares. Lejos de la sierra, claro…
El pueblecito serrano en el que trabajo, tiene mucho campo, evidentemente. Pero debido a mi animadversión al senderismo, nunca lo he visitado… Es una maravilla salir al recreo y ver la sierra ahí mismo y disfrutar de sus estupendos paisajes… pero eso, viéndolo.
Lo que sucede es que me junto con quien no debo y claro, luego pasa lo que pasa. Sólo se me puede ocurrir a mí hacerme compañera inseparable de los profes de EF: El del chándal y la Reina del Sahara (En el cole ya nos llaman “Los Tres Mosqueteros”…). Yo, que como bien sabéis, no sé ni como es un chándal y que me compro zapatillas de deporte una vez cada cinco años y en los mercadillos… Pero los caminos del colegueo son inescrutables y así me vi, abocada a una aventura de la que pensaba que no salía con vida…
Yo vivo en una capital de provincia alejada de la que viven ellos y nuestro punto de unión es el cole. Pero claro, como que allí las cosas no son iguales, así que pensamos que teníamos que hacer algo diferente para pasar un día juntos fuera de las aulas.
Les dejé que decidiesen ellos (porque eran mayoría y yo no tenía nada que hacer…) y me llegaron con la siguiente propuesta:
- “Si quieres, nos vamos un día de excursión. Primero de jarreo, vemos el pueblo, y luego a comer al campo, para conocer la zona y esas cosas…”
Lo del jarreo (ir a tomar cañas) y ver el pueblo, me pareció estupendo desde el primer momento, pero lo de la comida en el campo… Que les conozco, y sabía que no podía acabar bien.
El caso es que el día de la excursión llegó. Yo, que tengo más glamour que nadie y para algo soy La más sesi, combiné estupendamente un precioso jersey de Bruberrys con mis monísimas zapatillas de deporte mercadilleras. Ahí queda eso.
Y nada, que nos fuimos de jarreo por el pueblecito, de bar en bar y de botellín en botellín. Al segundo, La Reina del Sahara estaba ya más pedo que Alfredo, El del chándal era como una esponja pero yo… casi les tumbo a los dos.
Así que claro, tenían que ejecutar su venganza…
Llegamos a un merendero situado en un precioso paraje, conocido como LA BOCA DE ALGO (era tanta mi emoción, que no recuerdo ni el nombre...), rodeado de árboles y aguas cristalinas. INCREIBLE.
Tras comernos nuestro bocata, dicen aquí los deportistas que “habrá que darse un paseo para bajar la comida…” Pues ¡ale!, a pasear se ha dicho.
Vamos bien, de momento, que piso suelo firme y tengo barandillas a las que agarrarme… pero en un determinado instante, todo eso se acaba y yo casi me mato.
Había unas rocas puestas a traición, de eso no me cabe la menor duda… Rocas erosionadas por el agua, lisitas y suaves, no aptas para mis zapatillas… Y con hielo…
Así que voy yo toda chula de roca en roca cuando ¡¡ZASSS!!, resbalón. Afortunadamente, no me caí, pero porque me pude agarrar a la sudadera de mi compañero. Aunque con tan mala suerte que le pillé a contrapie, le desestabilicé y casi nos vamos los dos al suelo… Menos mal que estuvo hábil y consiguió mantener el equilibrio por los dos… Y a todas estas, mi compañera ejerciendo de guía turística, contándonos no sé que de aquel lugar, y otro par de domingueros riéndose a carcajada limpia de la situación…
Pero, no contentos con eso, me hacer pasar un riachuelo por donde peor se podía atravesar. Ellos, de un salto, pasaron de una orilla a otra, pero yo… “Que no salto. O me buscáis otro sitio para pasar o volvéis vosotros aquí” Y los muy
Al final, como creía que no salía viva de allí grité suplicante: “¡¡LLEVADME A LA CIVILIZACIÓN A TOMAR UNA CAÑA Y SACADME DE AQUÍ!!
Y ¿qué cómo acabó todo? Pues, por supuestísimo que nos fuimos a tomar un par de botellines y a jugar unos billares. Lejos de la sierra, claro…
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